miércoles, 12 de diciembre de 2018

ROBERTO POCHOPO


Una mañana lluviosa de un Viernes 13, dos alumnas del IES Gabriel y Galán sufrieron una experiencia fantasmagórica.
Mientras Esperanza, la profesora de Biología, les hablaba en clase sobre alimentación, una de ellas, de nombre Lucía, giró la cabeza hacia atrás encontrándose con una imagen espantadora. El armario situado al fondo del aula 203, en la esquina izquierda, estaba medio abierto y el interior se adivinaba totalmente oscuro. Atemorizada, avisó corriendo a su compañera Clara que, con gran asombro por lo que le acababa de contar Lucía, también miró hacia ese lugar. Y quedó aterrada. Después de estar pensando un buen rato, llegaron a la conclusión de que allí permanecía Roberto Pochopo, un muchacho que quince años atrás se atragantó comiendo altramuces en medio de una charla sobre cómo prevenir muertes absurdas. Y todos los presentes decidieron esconder el cuerpo en ese tenebroso rincón para evitar insidiosas investigaciones policiales.
Al finalizar la clase, cuando solo quedaban ellas dos en el aula, se apresuraron a abrir el armario descubriendo algo abominable: una sombra negra y gelatinosa tal y como deben ser las babas de un demonio, desapareció diluyéndose en el aire. Supieron así que el espíritu del pobre Pochopo habitaba desde entonces en el hueco de ataúd de ese lugar maldito y que, como era un pésimo electricista, actualmente se dedica a trastocar el molesto fluorescente que hay junto a su armario. Por cierto, no confundamos a nuestro fantasma con el Cachopo asturiano.

Clara Montero Acosta y Lucía Yuste Bermejo, 3ºESO

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