6.5.13

LA POSADA DE LOS ESPECTROS

Era la noche más fría y cerrada que se recuerda en Villagrís. No había ni un alma por las calles, ni tampoco se escuchaba nada excepto el escalofriante silbido del viento y los aullidos de los lobos en las Montañas Altas. Solía haber noches como esa por aquellos años pero nunca tan tenebrosas. En casos así, la gente se quedaba en casa por temor a los fantasmas y seres misteriosos sobre los que se contaban historias. Mas eso no detendría a la joven y bella Haidee en su propósito de reunirse con su amado, para huir del infierno en el que se estaba convirtiendo su hogar. Sus padres no dejaban que se casara con su amor de toda la vida, Gael, porque les convenía que lo hiciera con alguien que tuviera un título. O riquezas. Ninguno de esos dos requisitos se cumplían en Gael, un chiquillo atolondrado y soñador que provenía de una familia pobre.
Haidee cogió solo lo necesario y escapó por la ventana de su cuarto. Se había citado con Gael en la entrada de vieja posada que había a mitad de camino entre Villagrís y Roquedal, el pueblo de Gael. Todo salió como Haidee esperaba pero, concentrada en su huida, no había advertido lo gélida y oscura que era la noche. Sin saber porqué, sentía que algo o alguien la estaba siguiendo y eso hacía que se estremeciera. Mientras esto ocurría, Gael acababa de salir de su pueblo. Al atravesar los húmedos senderos del bosque, también sentía ese miedo irracional que en algún momento le hizo dudar sobre sus planes, aunque él jamás abandonaría a su amada.

Era casi medianoche cuando Haidee llegó al sitio acordado. Mientras esperaba ansiosamente la llegada de Gael, le pareció ver extrañas sombras en la oscuridad que se acercaban y de repente se desvanecían. Súbitamente, pudo reconocer a Gael que venía corriendo como alma que lleva el diablo, como si hubiera visto algo horrible y huyera de ello. Él la cogió de la mano y se lanzaron al interior del pequeño y sucio bar de la posada. Una vez dentro, la atmósfera densa, llena de humo y casi sin luz del lugar pareció absorberles. Al cabo de un momento, alcanzaron a ver dos figuras espectrales que los miraban fijamente desde unas cuencas vacías: una dama vestida de novia y un caballero alto y desgarbado. Conforme se aproximaron a ellos, pudieron reconocer su propia alma reflejada en aquellos ojos sin vida y comprendieron cual iba a ser su cruel destino.
Desde aquella noche, nadie volvió a saber nada de la joven pareja y todos pensaron que habían huido hacia tierras lejanas. Sin embargo, hay gente que afirma haber visto a dos enamorados vagando por los alrededores de la posada en las noches más frías del invierno.




Elisa Castellanos, 4ºESO

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